Opinión

Salvando al Godín de una Propuesta

La etiqueta de renunciar a la empresa o a la propuesta. | Aniela Cordero

  • 27/05/2022
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María está muy contenta en su trabajo. Tiene buenos amigos, se lleva bien con su jefe, ha tenido un buen crecimiento, y aunque el sueldo no es la lotería, pues tampoco son dos pesos. Un día la buscan de la competencia porque tienen una posición que podría resultarle interesante. Sin nada que perder, María toma la entrevista y un par de semanas después, la competencia le hace una oferta que resulta difícil rechazar

El lunes de vuelta al trabajo, María le dice a su jefa que le hicieron una propuesta, y que está considerando aceptarla, pero quiere platicarlo primero con ella. La jefa de María sabe que es uno de los pilares del equipo, y aunque tenía contemplado su desarrollo para dentro de un año, tendrá que acelerarlo para que no se vaya con la competencia. 

La jefa de María lo platica con ella. Le dice que la oferta es buena, pero que les gustaría que se quedara, pues tienen planes de desarrollo para ella y le pone todas las cartas sobre la mesa, excepto el sueldo, pues es algo que tiene que negociar con recursos humanos y con dirección general. María al final acepta el crecimiento y decide quedarse con su jefa. 

Ese mismo lunes por la tarde, la competencia le exige una respuesta, y ya no es sólo el ejecutivo de reclutamiento quien le pregunta. En la llamada está su potencial próximo jefe, la directora de recursos humanos, y el director global del equipo pidiéndole que les dé una respuesta, y dándole margen de sueldo. Que ella ponga la cantidad, pero que les diga que sí. 

¿Ustedes qué harían si fueran María? ¿Se iban por el dinero? ¿Mantienen su palabra de quedarse? Tal vez para algunos la decisión es fácil, pero no será el mismo camino para todos. 

Desde el punto de vista de reclutamiento, María está en todo su derecho de decir “Gracias por el tiempo que invirtieron en mí y la oportunidad para contemplarme dentro de su equipo, pero en estos momentos he decidido no aceptar la propuesta”. Palabras más, palabras menos. Y tampoco les debe ninguna explicación adicional. Aunque claro, si llegó hasta ese punto en el proceso, se espera que sea un candidato interesado en aceptar. Pero esa es harina de otro costal. 

Desde el punto de vista de María, debe de estar segura y confiada en lo que sabe que quiere y es mejor para ella. Tanto a nivel personal, como a nivel de desarrollo profesional. A ojos de los reclutadores, y de la misma empresa, la indecisión nunca será bien vista. Si ella decide quedarse con su actual empresa, deberá mantener su decisión, y lo mismo si decide irse. Pero no puede quedarse en la entrada impidiendo el paso.

Ahora que, si su motivador principal es el biyuyo, la lana, y el dinero contante y sonante, podríamos esperar que María diera un bandazo y aceptara el cheque en blanco que le está haciendo la competencia. Aunque eso también nos lleva a la harina de otro costal, que es el estado de desesperación de la otra empresa por contratar a alguien. 

Desde el punto de vista de la jefa de María, le hubiera gustado saber que María estaba participando en un proceso. Sabe que estaba contenta, que estaba cosechando muchos éxitos, así que le extrañó que María le dijera que tenía otra propuesta. Tal vez si hubiera sabido desde antes del proceso, podría haber intervenido desde entonces, dándole algún consejo, o ayudándole a ver qué quiere para ella. Además de ser su jefa, también es su amiga y siempre querrá lo mejor para ella. Aunque piensa que tal vez María no se lo dijo porque no estaba segura de cómo lo iba a tomar. Hace un par de semanas, otro miembro del equipo se fue, y su jefe, Pedro, se lo tomó muy personal. Quería que se fuera el mismo día que le notificó de su decisión de aceptar la propuesta de otra empresa. Y si no es por la intervención de recursos humanos, seguramente ahorita tendrían una demanda enorme. 

En cualquiera de los casos, la que deberá tomar la última decisión es María. Poniendo sobre la balanza todos los pros, contras y evaluando cómo se acomodan a su proyecto de vida y a sus expectativas sobre la vida profesional. Lo único que todos los involucrados esperan, es que, una vez tomada la decisión, ésta se mantenga.

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