Opinión

La realidad animada, dibujos con eco social

A través de los dibujos se están produciendo una notable cantidad de obras innovadoras. | Leonardo Bastida

  • 27/05/2022
  • Escuchar

Los recuerdos pueden ser lejanos en el tiempo, pero también en distancia, si, de manera súbita, todo lo que conocías, los lugares donde habías jugado durante tu infancia, la escuela en la que aprendiste tus primeras letras, las palomas criadas en la azotea de tu casa, tu comida favorita, tus amigas y amigos, e incluso, algunos familiares muy cercanos deben quedarse atrás para poder sobrevivir y evitar ser testigo de las catástrofes provocadas por una guerra inminente.

Para Amin, así como a muchas y muchos otros jóvenes afganos, nacidos en la década de los 80, la guerra contra la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) marcó sus vidas. Ese conflicto derivado del asesinato de Mohamed Daud, quien tomó con violencia el trono de Afganistán, y después fue derrocado y asesinado por simpatizantes comunistas, a quienes apoyaron tropas soviéticas, que después fueron repelidas por grupos armados, de corte religioso, financiados por Estados Unidos, quienes finalmente tomaron el poder en la década de los 90, bajo el régimen talibán.

En el caso de Amin, el lugar a donde pudo huir su familia fue Moscú, capital rusa, en la que tuvo que permanecer oculto con su hermano, sus hermanas y su mamá por un largo período de tiempo antes de que sus hermanas pudieran ir a Suecia con su hermano mayor, para superar muchos de los traumas padecidos en la búsqueda de refugio, entre ellos, la lamentable violencia sexual.

Sin embargo, ante la dificultad de tener que pasar tanto tiempo escondido y ser víctima de los abusos de la policía rusa, Amin es enviado a Suecia a través de una red de tráfico ilegal, pero no alcanza a llegar a su destino final. Más, en cambio, debe aprenderse una historia de vida que le permitirá no ser desterrado de Europa y ser regresado a territorio ruso o a su natal Afganistán. Ubicaciones geográficas en las que le hubiera sido difícil vivir, no sólo por su condición migratoria, sino también por su orientación sexual, pues se asume como gay.

Lo anterior es el argumento central de Flee, documental del danés Jonas Poher Rasmussen, cuyas imágenes no son fotografías de aquellos años en territorio afgano o secuencias de la vida actual del chico que llegaría a ser un prolífico científico, sino dibujos animados que le dan un toque innovador a esta historia, una de las pocas conocidas hasta el momento sobre la vida de personas refugiadas LGBT, y que el haber tomado como medio de expresión a la animación es una apuesta por reposicionar al dibujo y disasociarlo de lo infantil.

Como señala el investigador español, Santiago González, con respecto a la novela gráfica, pero que bien podría aplicarse a algunas películas y documentales animadas, a través de los dibujos se están produciendo una notable cantidad de obras ambiciosas e innovadoras, e incluso, podría pensarse que está naciendo una nueva expresión artística.

A propósito de Flee, y su estreno en este fin de semana, vale la pena recordar algunos trabajos similares como Persepolis, basado en la novela gráfica homónima, de Marjane Satrapi, quien, en una narrativa en primera persona, cuenta sus vivencias durante la Revolución islámica o de 1979, en la que militantes religiosos tomaron el poder en Irán y vino un período de represión, sobre todo, hacia las mujeres, y su experiencia migratoria en Alemania.

Uno más es Vals con Bashir, de Ari Folman, quien obtiene algunos testimonios de soldados israelíes que participaron directamente en la matanza de Sabra y Shatila, en Líbano, en la cual, participa el propio director, pero no recuerda nada. Así es que decide emprender un viaje por distintos rincones del mundo en la búsqueda de sus ex compañeros, pero más allá de retratarlos, les dibuja y les da voz para externar su propia visión de los sucesos, algo que sería muy difícil lograr con una técnica fílmica más tradicional.

Centrados en personajes históricos y alguna etapa de sus vidas, se han elaborado trabajos como Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, basado en la novela gráfica homónima de Fermín Solis, en la que se rescata un momento crítico en la carrera de Luis Buñuel, quien después de filmar “La edad de oro”, carece de apoyo económico para seguir su carrera. Pero, su amigo, el escultor Ramón Acín le promete ayudarle en caso de ganarse la lotería. A través de dibujos, se acompaña al cineasta español a su viaje en Las Hurdes, uno de los rincones ibéricos más pobres.

De corte similar, Un día más con vida, de Raúl de la Fuente, retoma las experiencias del periodista polaco Ryszard Kapuscinski en Angola, donde en la década de los 70 había un conflicto armado para lograr la independencia de la nación africana de Portugal. A lo largo de su travesía, conoce a múltiples personas, entre ellas, a Carlota, una líder de las fuerzas guerrilleras, y se traslada a zonas a las que no solían llegar otros medios de comunicación, además de permanecer en el país, a pesar de que la mayoría de la población de origen europeo había decidido huir.

Afganistán ha sido fuente de inspiración de otros trabajos similares como Bread Winner, en los que se retoma el mismo conflicto, pero en la década de los 90, a través de los ojos de una chica adolescente que debe vestirse como hombre para poder salir de casa y trabajar ante la negativa del régimen talibán de permitir a las mujeres estar en los espacios públicos y Las golondrinas de Kabul, cuyo punto de partida es la llegada de los talibanes al poder y la intersección de la vida de dos parejas muy distantes ideológicamente, pero que, en un punto, son más compatibles de lo pensado.

La presencia de este tipo de trabajos en festivales de cine es cada vez más común y suelen recibir galardones y ser proyectados en muchos países. Lo mismo ocurre en el campo de la literatura, en la que hay una gran presencia de novelas gráficas, e incluso, en el periodismo, con reportajes dibujados como los de Joe Sacco. Por lo que la invitación a dejarse envolver por estas manifestaciones artísticas es muy atractiva, y mucho más a desenvolver la creatividad e idear muchas más formas de expresión.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.