Opinión

El derecho a soñar

Hay que darle esencia a la vida a fin de lograr que el trabajo digno, para quienes prestan su fuerza de trabajo, sea el sustantivo de nuestras vidas. | Manuel Fuentes

  • 23/11/2021
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A la memoria del Dr. Jesús Trápaga Reyes

Quiero empezar con un sentimiento de Eduardo Galeano: “Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué”.

Con este sentir me identifico cada vez que me atrevo a escribir de manera cotidiana. Galeano nos sugiere para quién debemos escribir, para los que tienen el mundo en sus manos, con el sudor diario de su trabajo.

Es un verdadero reto entregar una piedra deforme y pesada a un trabajador para que la cargue. Es como decirle: “tómala y llévala en el hombro”, y a los pocos metros se deshaga de ella porque piensa que le hace daño, sin saber de su riqueza. Eso ocurre con algunos libros muy técnicos y engorrosos.

El libro de mi amigo Rafael Tena Suck “Introducción al estudio de las normas internacionales del trabajo”, pulveriza esa piedra para que se pueda cargar hasta en una bolsa de papel. Cuánto me gustaría que los trabajadores conocieran esta joya, el libro de Tena Stuck revive en cada una de sus páginas el candor de la dignidad obrera.

En su mayoría, a los trabajadores les cuesta trabajo leer. Pero en este proceso he conocido a algunos que empiezan leyendo y conociendo no solo su Contrato Colectivo de Trabajo o sus Estatutos, sino también la Ley Federal del Trabajo y hasta convenios internacionales. Los derechos dejan de ser cosas de abogados. Comienzan a asomarse por las ventanas de la fábrica para divisar más allá del firmamento. 

Tena Suck es una especie de mago porque convierte una gran roca en su libro, miles de páginas se transforman en solo 163, en ellas está la historia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la importancia de las normas internacionales, y una síntesis muy pulcra de 64 convenios de la OIT analizadas a detalle.

¿Cómo le hace el doctor Tena para escribir así? Es seguro que se instaló en un sueño creador y se puso a escribir, casi sin detenerse; del sueño que relata Mario de la Cueva, del que ideaban los proletarios en concebir, en materializar un derecho internacional del trabajo, que ha dejado de serlo y que ahora es norma vigente nacional.

Tena Suck cita a nuestro querido Hugo Ítalo Morales, el mayor de los internacionalistas mexicanos en materia laboral, que vivía más tiempo en la sede de la OIT en Suiza que en su casa de la Ciudad de México. Hace referencia a Roberto Owen, otro soñador que propaló la necesidad de acciones internacionales para mejorar la situación laboral de los trabajadores.

Owen reprobaba, como cientos de miles, las jornadas extenuantes de los trabajadores, la explotación de mujeres y menores, de las condiciones infrahumanas en la prestación del servicio ¿Qué es lo infrahumano? Al que se trata como cosa, como objeto, como basura de “úsese y tírese”.

Como esclavos, como los de nuestros tiempos, los desclasados de las plataformas digitales, los llamados autónomos, los de honorarios, los eventuales y hasta los sindicalizados que en su mayoría ganan menos de dos salarios mínimos. Los trabajadores del campo, los informales, las dignas trabajadoras del hogar, de aquellas mujeres madres solteras, de aquellos niños que son línea directa de explotación.

El libro de Tena es una herramienta muy importante en estos tiempos para estudiantes, juristas, profesores y empresarios. Pero su principal destinatario son los trabajadores, en esta coyuntura destaca la necesidad imperiosa de su conocimiento. 

Este libro se debe difundir por todos lados para que se remuevan conciencias, para que se conozcan derechos, para que se enteren que es un derecho humano el organizarse, que demandar un salario y condiciones de trabajo dignas, seguridad social, no son una dádiva, sino la esencia del derecho del trabajo, como un derecho social.

El libro del doctor Rafael Tena nos da derecho a soñar, como escribía Eduardo Galeano:

El derecho a soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron (…). Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed.”

¿Cómo materializar esos sueños? 

Dándolos a conocer como lo hace el doctor Tena, haciéndolos propios, tomándolos no solo de manera inmaterial, sino material con nuestras acciones diarias, con todos nuestros sentidos.

Para lograr en colectivo, a pesar de los obstáculos que representa, que el trabajo digno para quienes prestan su fuerza de trabajo sea el sustantivo de nuestras vidas, el motivo de nuestra razón de estar aquí, es dar esencia a la vida, que nos da derecho a soñar.

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